Toda buena ciudad medieval cuenta con leyendas y misterios escondidos por sus rincones. Bolonia no iba a ser menos. Bajo sus pórticos, en sus iglesias, entre sus callejuelas… Dispersos por todo el casco antiguo, desde Via Independenza hasta Santo Stefano, pasando por Piazza Maggiore. Es una caja de sorpresas con siete secretos tan bien custodiados, que hasta al peluche más intrépido le resultan difíciles de encontrar.
1. La Finestrella
Aunque sea conocida principalmente por sus torres, Bolonia está atravesada por una extensa red de canales subterráneos. No siempre fue así: durante la Edad Media las vías fluviales afloraban cruzando toda la ciudad, y las que eran navegables tuvieron especial relevancia en el transporte de mercancías, sobre todo en el comercio de seda.
Hoy en día todos los canales están soterrados… excepto uno: el Canale delle Moline. Pero que no esté completamente bajo las edificaciones boloñesas no significa que se encuentre a simple vista. Hay que tantear con atención los muros de Via Piella hasta descubrir una pequeña ventana camuflada en ellos. Y ahí está: la piccola Venezia.

2. Cañabis Protectio
En Via Independenza se puede encontrar algo más que tiendas de ropa. En la intersección con Via Rizzoli, bajo las bóvedas del pórtico de Torre Scappi (y también en el suelo) se lee esta curiosa frase: «Panis Vita, Cañabis Protectio, Vinum Laetitia» (el pan es vida, el cannabis es protección, el vino es alegría).
Pertenece al Canton de’Fiori y tiene su origen en la antigua actividad comercial de Bolonia: el cultivo de cáñamo, que propiciaba trabajo y grandes ingresos a la ciudad. Por eso el cannabis se consideraba una «planta protectora». De hecho, la Casa Stagni, donde está ubicada la inscripción, era uno de los sitios desde los cuales se distribuía de forma legal.

3. Neptuno «el gigante»
El Dios del Mar también tiene su espacio en la ciudad de los pórticos. Un Neptuno y su fuente, de mármol y bronce, se erigen en pleno centro de la plaza que lleva su nombre. Se le conoce como «el gigante» por sus grandes dimensiones, aunque esta denominación esconde una pequeña (e inteligente) trampa.
La estatua fue creada por Juan de Bolonia en 1566 como encargo para honrar al recién elegido Papa Pio V. Pero el resultado no terminó de convencer a la Iglesia, ya que le parecían «excesivas» las proporciones genitales de la figura mitológica. Ante el escándalo, el escultor tuvo que reducirlas… Al menos aparentemente.
El truco está en jugar con la perspectiva. Justo detrás de la estatua, en la entrada a la biblioteca de Salaborsa, hay una baldosa de distinto color al resto. Desde este ángulo se crea un efecto óptico que transforma el pulgar de la mano izquierda de Neptuno en un miembro viril en plena erección.

4. El arco de los susurros
Bajo los pórticos del Palazzo del Podestà hay una bóveda de cruces en cuyos pilares están representados los cuatro patrones de la ciudad: San Petronio, San Domenico, San Procolo y San Francisco. Cuatro esquinas con una particular acústica: al susurrar en la pared, la voz viaja en diagonal a través del techo abovedado y se escucha perfectamente desde el lado opuesto.
Esta curiosa vía de comunicación se empleaba en la Edad Media para que los sacerdotes pudieran confesar a los leprosos sin contagiarse. Aunque también se dice que, años más tarde, estos soportales eran el lugar de encuentro de los amantes secretos.

5. La meridiana
Además de una fachada de mármol inacabada, la Basílica de San Petronio cuenta con otra peculiaridad: en su interior se halla la meridiana cubierta más larga del mundo, de 66,8 metros. Fue diseñada en 1655 por el astrónomo Giovanni Cassini, y sus mediciones sobre el cambio de diámetro solar contribuyeron a verificar la hipótesis de Kepler del desplazamiento de los planetas en órbitas elípticas.
El funcionamiento de este reloj solar se aprecia sobre todo entre marzo y noviembre. A medio día los rayos de sol se cuelan por un agujero del techo de la basílica y marcan una línea de luz en el calendario que hay dibujado en el suelo, indicando de manera precisa las horas, los días y las estaciones.

6. Un diablo en Santo Stefano
En la Vía Santo Stefano, concretamente en el Palazzo Bolognini, habitaba una de las familias más poderosas de la ciudad, conocida por las disputas y conflictos internos que tenían lugar entre sus propios miembros. Un día, el padre encargó que todos los rostros de la familia fueran esculpidos en la fachada de este lujoso edificio.
Sobre las columnas que sustentan los arcos se puede ver a todos los nobles parientes… y también a Satanás. El escultor quiso tallar su cara para indicar que el mal habitaba en esta casa y que el diablo era uno más de la familia.
Por cierto, al final de esta calle está ubicada la Basílica de Santo Stefano, un asombroso complejo medieval de templos, claustros, patios y tumbas. Antiguamente agrupaba siete iglesias de diferentes épocas, aunque ahora solo permanecen cuatro de ellas.

7. Las tres flechas
Desde Santo Stefano se abre el pasadizo de Corte Isolani, que hay que atravesar hasta al final para salir a la Strada Maggiore, donde se encuentra el último de los secretos. Mirando hacia lo alto de los nueve metros del pórtico de madera se distinguen (aunque hace falta mucha paciencia y poca miopía) tres flechas clavadas entre sus vigas.
Cuenta la leyenda que tres bandidos querían asesinar a un comerciante boloñés lanzándole flechas desde una ventana, pero antes de disparar con el arco apareció una dama desnuda en el edificio de enfrente. Se quedaron tan embobados que su puntería también se distrajo, y las flechas fueron a parar al techo del pórtico. Y ahí siguen hasta hoy.

Oficialmente, estos son los siete secretos de Bolonia, pero quienes hemos vivido allí durante un tiempo sabemos que la cosa no termina aquí.
Una de las capillas de la Basílica de San Petronio contiene un fresco del Quattrocento que representa a Mahoma en el Infierno, siendo torturado y devorado por los demonios. A causa de esta controvertida obra de Giovanni de Módena, el templo pudo ser en 2002 objeto de atentado por parte de una célula terrorista islámica, de ahí la vigilancia militar que hay siempre a su entrada.
Justo a la entrada de la estación de tren hay un reloj que siempre marca las 10:25, la hora en la que el 2 de agosto de 1980 explotó una maleta dejando 85 fallecidos y más de 200 heridos. El reloj se paró en ese momento y nunca más se ha vuelto a poner en funcionamiento como recuerdo del atentado más grave que ha sufrido Bolonia.
En lo alto de la Torre degli Asenilli, se cuenta, se dice, se rumorea (porque aunque subas sus 498 escalones, lo que es verse no se ve) que hay un jarrón de cerámica roto que representa la capacidad de los boloñeses para resolver conflictos de forma pacífica y civilizada.
Y por último, el mejor de todos los secretos es un horno clandestino que sólo abre de madrugada, y que tiene las mejores y recién hechas napolitanas del mundo, rellenas de crema de pistacho, de avellana, de chocolate, y prácticamente de todo lo que puedas imaginar.
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