Florencia: síndrome de Stendhal

Al salir de la Basílica de Santa Croce en Florencia, el escritor romanticista Henri Beyle (Stendhal) expresó haber llegado «a ese grado de emoción en que se tropiezan las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados»¹. Sin saberlo, describió lo que hoy se denomina Síndrome de Stendhal²: experimentar intensas emociones al contemplar obras de arte de gran belleza en muy poco tiempo y espacio.

En la capital de la Toscana resulta fácil identificarse con Stendhal, más aún si la predisposición es de especial sensibilidad ante la belleza del mundo. La cuna renacentista desprende arte por dentro y por fuera, entre sus galerías, palacios e iglesias, pero también sobre sus plazas y travesías. Un museo en sí mismo, el culmen del deleite artístico, capaz de deslumbrar a personas y peluches.

Florencia Koali

De Brunelleschi a Miguel Ángel pasando por Boticcelli o Vasari, y sin olvidar a la familia Médici, los grandes mecenas del patrimonio artístico del Renacimiento. Una época dorada que convirtió a Florencia en la capital cultural de Italia. Este es un recorrido por esos lugares de gran esplendor³ que encandilaron a Stendhal y que hoy siguen dejando sin palabras a quien se deja envolver por la magia de la ciudad.

Galleria dell’Accademia: David de Miguel Ángel

Sus más de cinco metros de altura o su impoluto mármol blanco son algunos de los atributos más notables, pero nada es comparable a la expresividad de la mirada y la firmeza de las venas de esta obra maestra, que dotan al David de alma y vida propia, como si quisiera salir de la piedra para comenzar su existencia en el mundo real.

David Miguel Ángel mirada

Sobre un gigante bloque de mármol que había quedado dañado después de que varios artistas intentaran trabajarlo sin éxito, Miguel Ángel Buonarroti consiguió esculpir entre 1501 y 1504 a este joven personaje bíblico antes de enfrentarse al gigante Goliat. David ganó gracias a su inteligencia y fuerza, de ahí que las dimensiones de su cabeza, torso y manos sean mayores de lo que estipulaban las proporciones clásicas.

Aprovechando el hueco que el mármol original presentaba en su lado izquierdo, Miguel Ángel balanceó la postura en un inteligente contrapposto. Y a diferencia de las esculturas medievales, talladas a fin de observarse sólo de frente, lo cinceló desde distintos puntos de vista para que pudiera ser admirado desde cualquier ángulo.

David Miguel Ángel venas

Aunque el David fue pensado para ubicarse en la Catedral de Santa Maria del Fiore, finalmente se situó en la Piazza della Signoria, frente al Palazzo Vecchio. Allí fue exhibido hasta 1873, cuando se trasladó a la Galleria dell’Accademia para protegerlo de las inclemencias del tiempo. Lo mismo pasó con el Rapto de las Sabinas de Giambologna, la otra gran escultura del museo, emplazada bajo la Loggia dei Lanzi hasta el año 2008.

Así que cuando Stendhal vivió en Florencia, a principios del siglo XIX, tuvo el privilegio de apreciar estas cautivadoras figuras en plena calle.

Piazza del Duomo: Santa Maria del Fiore

La edificación más emblemática de Florencia es el Duomo de Santa Maria del Fiore. Su bella fachada neogótica compuesta por delicados mármoles blancos, verdes y rojos hipnotiza nada más mirarla, sobre todo cuando los rayos del sol se reflejan en ella. Hasta el honorable Dante pasaba las horas observando la evolución de las obras mientras reflexionaba y descansaba sobre una enorme roca.

Piazza Duomo Florencia

Varios artistas de diferentes estilos fueron dejando su huella desde 1296 hasta 1887. Entre ellos Filippo Brunelleschi, el autor de la imponente cúpula. Se sabe que tiene 45 metros de diámetro y más de 4 millones de ladrillos, pero su diseño y técnicas de construcción son casi un enigma, ya que no se conservan los planos originales. Arquitectos de todos los tiempos han tratado de descifrar su secreto, aunque sigue pareciendo imposible que el ser humano pudiera erigir semejante maravilla, y menos con los instrumentos de la época.

Cúpula Brunelleschi Florencia

¿Cómo lo hizo? Una de las claves es la doble cubierta: lo que parece ser una firme estructura en realidad alberga dos cúpulas, una dentro de otra. A este ingenioso método de apoyo se le suma el patrón de espina de pez (en zigzag) que siguen los ladrillos, cuya posición iba siendo guiada por un sistema de cuerdas en forma de flor. Lo más increíble es que Brunelleschi ni siquiera tenía experiencia como arquitecto. A pesar de ello, este orfebre desafió la gravedad y en 1436 logró alzar la que hasta hoy es la mayor cúpula de mampostería del mundo.

Si contemplarla desde fuera impresiona, recorrerla por dentro es otro nivel. Merece la pena subir sus 463 escalones para descubrir los entresijos arquitectónicos, para admirar de cerca los frescos que decoran la bóveda interior y, por supuesto, para disfrutar desde lo más alto de las asombrosas vistas de la ciudad.

Cúpula Brunelleschi frescos Florencia

Igual de imprescindible es el ascenso al Campanile de Giotto, no solo por poder observar la cúpula a vista de pájaro, sino también por su armonioso colorido sobre el mármol y sus cuidadas proporciones.

Florencia Koali

Pero a pesar de su grandeza, ni el Duomo ni el Campanile eclipsan el Battisterio di San Giovanni, el edificio más antiguo de la ciudad, donde han sido bautizadas generaciones enteras de florentinos. De sus tres entradas, la más hermosa es la Puerta del Paraíso, compuesta por relieves de bronce con escenas bíblicas creados por Lorenzo Ghiberti. En el interior, el dorado de los mosaicos bizantinos llena de luz este templo octogonal.

Piazza della Signoria

Si el centro religioso se articula en torno al Duomo, el corazón político de Florencia se halla en la Piazza della Signoria, sede del poder civil desde la época medieval. Está presidida por el Palazzo Vecchio, construido a principios del siglo XIV sobre las ruinas de un teatro romano. Inicialmente fue el lugar de trabajo de los magistrados (Palazzo dei Priori), después residencia de los Médici hasta su mudanza al Palazzo Pitti, y hoy alberga el Ayuntamiento.

Palazzo Vecchio Florencia

De esta fortaleza toscana destaca la Torre di Arnolfo y sus 94 metros de estructura defensiva. Y como no podía ser de otra manera, las pinturas y esculturas renacentistas envuelven sus estancias. Entre ellas el descomunal Salón del Cinquecento, donde se encuentra La Batalla de Marciano, el fresco de Giorgio Vasari con la inscripción «Cerca Trova». Uno de los mayores misterios de la historia del arte.

Piazza Signoria Florencia

Pero la belleza no sólo se respira entre los muros del palacio. La plaza está repleta de esculturas, como la Fuente de Neptuno, la estatua de Cosme I, o la réplica del David de Miguel Ángel. Aunque, sin duda, el verdadero museo al aire libre es la Loggia dei Lanzi: sus pórticos acogen parte de la gran colección de obras propiedad de los Médici, algunas tan importantes como el Perseo de Cellini o la copia del Rapto de las Sabinas de Giambologna.

Perseo Loggia Lanzi Florencia

Galleria degli Uffizi

El Palazzo Vecchio se fue quedando pequeño para albergar las oficinas de los magistrados. Por eso Cosme I de Medici mandó a Giorgio Vasari construir un nuevo palacio, que sirviera también para ir almacenando la gran cantidad de piezas de arte que proliferaban en aquella época y que pertenecían a la familia. Así nació la Galleria degli Uffizi, el museo que alberga las obras renacentistas más valiosas del mundo.

Galleria Uffizi Florencia

Recorrer los pasillos y las salas de este elegante edificio es adentrarse de lleno en el Quattrocento y Cinquecento, dos siglos de historia del arte plasmados a través de los sensacionales trazos de Botticelli, Tiziano, da Vinci, Lippi, Caravaggio… que lograron que la pintura se convirtiera por primera vez en la disciplina artística por excelencia.

El descubrimiento de la perspectiva y el interés por los retratos realistas y las proporciones perfectas legaron obras tan importantes como el Baco de Caravaggio o la Venus de Urbino de Tiziano. Aunque el retrato más observado es el de Simonetta Vespucci, la joven y preciosa musa del arte renacentista que Sandro Botticelli inmortalizó en sus cuadros más simbólicos: La Primavera y El Nacimiento de Venus.

Primavera Botticelli Florencia

Entre lienzo y lienzo, la galería esconde uno de sus mayores secretos: el Corredor Vasariano, un largo y elevado pasadizo que cruza el río Arno sobre el Ponte Vecchio, conectando los Uffizi con el Palazzo Pitti, la nueva residencia a la que se trasladaron los Médici. Fue también Cosme I quien encargó a Vasari su construcción, con la intención de poder cruzar de un lado a otro con discreción y seguridad (y sin mezclarse con la gente del pueblo).

Corredor Vasariano Florencia

Ponte Vecchio

El puente habitado más célebre y pintoresco del mundo atraviesa el río Arno, y es también el más antiguo de Europa: sus cimientos romanos fueron reconstruidos en 1345 tras varias inundaciones. Sobre sus arcos rebajados se elevan varios pisos de casas y tiendas colgantes, que mediante las fachadas de vivos colores y la cálida luz de sus ventanales de madera iluminan los lugarni al atardecer.

Aunque hoy esté repleto de joyerías, no siempre fue así. Desde la Edad Media el Ponte Vecchio albergaba los puestos de carniceros y curtidores pero, tras la construcción del Corredor Vasariano, la nobleza también comenzó a transitar por él. El olor desprendido les resultaba insoportable, así que Fernando I de Médici expulsó a estos comerciantes y limitó el emplazamiento únicamente a los orfebres, dotando así al puente de mayor prestigio.

Florencia Koali

Por eso el oro y las piedras preciosas ocupan desde entonces la mayoría de los escaparates que existen sobre él. Quizás esta sea una de las razones por las que fue el único puente de Florencia que sobrevivió a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial tras la retirada del ejército alemán en 1944.

En la otra orilla del río comienza el barrio de Oltrarno, donde está el inmenso Palazzo Pitti, antigua residencia de las tres dinastías más poderosas e influyentes de Florencia: los Médici, los Lorena y los Saboya. Todos ellos pudieron pasear, relajarse y disfrutar entre los 45.000 metros cuadrados de los Jardines de Bóboli, la mayor zona verde de Florencia.

Santa Croce

La basílica que extasió a Stendhal y aceleró sus palpitaciones no podía ser un lugar cualquiera. Construida sobre la base de una pequeña iglesia franciscana, Santa Croce no sólo es una reliquia por el mármol multicolor de lo alto de su fachada o los majestuosos frescos que pintó Giotto en su interior.

Santa Croce Florencia

Este templo es el panteón más importante de Florencia: alberga casi trescientos sepulcros donde descansan los restos de sus vecinos más ilustres, entre ellos Miguel Ángel, Galileo o Maquiavelo. Junto a estos grandes genios del arte, la ciencia y las letras, se halla también el sarcófago vacío de Dante Alighieri. Florentino de nacimiento, el autor de la Divina Comedia tuvo que exiliarse en Rávena, donde permanecen sus restos desde hace casi 700 años.

Piazzale Michelangelo

Cuando se acerca el momento de la puesta de sol, en lo alto de una colina, hay un mirador único e inigualable donde deleitarse con la mágica silueta de Florencia. El rojo de la cúpula y los palacios, el dorado de las casas sobre el río, el blanco de los templos… Todo ello se mezcla con la luz y con el cielo, creando un cromatismo tan intenso y a la vez tan fugaz que en ese instante cualquiera desearía parar el tiempo.

Un David de bronce contempla esta sobredosis de belleza cada tarde. A veces nos unimos los peluches, que también tenemos la suerte de experimentar el Síndrome de Stendhal. De momento, el único efecto colateral han sido las ganas de volver, una y mil veces. Por eso dejé una moneda en la fuente y acaricié el hocico del Porcellino, el jabalí de bronce al que hay que visitar antes de salir de Florencia.


¹ «Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba casi. Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme».

Roma, Nápoles y Florencia, Stendhal, 1817.

² En 1979, tras observar las reacciones de cientos de turistas al visitar Florencia, la psiquiatra Graziella Magherini definió el cuadro clínico de este síndrome, manifestado a través de síntomas como la elevación del ritmo cardíaco, vértigos, temblores, o desorientación. Se produce por la saturación de la capacidad para recibir estímulos de gran carga sensorial, por eso se denominó Síndrome de Stendhal o mal del viajero.

³ Esta es una selección muy selecta de los lugares que, en opinión del peluche que escribe, son los más asombrosos, singulares e imprescindibles de Florencia. Pero no están todos los que son. La basílica de San Lorenzo, Santa María Novella, el Museo Bargello, la Plaza de la República, el Hospital de los Inocentes… y un amplio etcétera. Florencia alcanza tal grado de hermosura que es una utopía querer abarcarla toda de una vez.

Publicado por Alicia Plaza Huélamo

"I have no special talent. I am only passionately curious."

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